EL DESENCANTO DEL HOMBRE MODERNO

Albeiro Arias –Maestrìa en Literatura U.T.P. / U.T.
albeiro_arias@hotmail.com

Los orígenes de la modernidad europea se caracterizan con frecuencia como derivados de un proceso de secularización que negó la autoridad divina y trascendente sobre los asuntos mundanos . El hombre moderno intentó una tarea difícil: sustituir a Dios y llenar el espacio vacío con su acción transformadora. El gran paso del teocentrismo al antropocentrismo. La fe se reemplaza por la ciencia, la intuición por el conocimiento, el sentimiento por la razón. Como diría Kant “ten valor para servirte de tu propio entendimiento”. Al romper con la tradición metafísica se abandona la razón sustancial que hace del mundo objetivo y subjetivo una totalidad. El concepto de Subjetividad adquiere mayor relevancia por parte de varios filósofos como Schelling, Hegel, Fichte, entre otros. Se trata de las interpretaciones basadas en la experiencia vivida por un sujeto, condicionado a circunstancias históricas, políticas, culturales, etc. Al instaurarse una ruptura entre lo objetivo y lo subjetivo, surge una razón dividida en esferas autónomas: la ciencia, la moralidad y el arte.

Habermas sigue las ideas de Max Weber, quien interpreta la modernidad como un proceso de desencantamiento del mundo. Con el agotamiento de las ideas globales acerca del mundo y con la aparición de la ciencia, la racionalidad termina reducida a una racionalidad instrumental, delimitándose lo teórico de lo práctico. Dándose una división de la unidad de la razón en ámbitos separados: ciencia, moral y arte. Se escinden las esferas de valor en un politeísmo de valores que se enfrentan entre sí, cada uno regido por especialistas. Para Habermas esta diferenciación de la ciencia, la moral y el arte, ha desembocado en la autonomía de segmentos manipulados por especialistas y cercenados de la hermenéutica de la comunicación diaria. Cada una de estas esferas tiene su propia lógica y su propia racionalidad (cognitivo-instrumental, moral-practica, estético-expresivo).

El ideal de la modernidad formulado en el siglo XVIII cayò en el desencanto, pues se fortaleció la esfera de la ciencia desde una perspectiva cognotivo-instrumental. La subjetividad y la reflexión, con su carácter crítico, responsable, ético, autónomo y responsable se desvaneció hacia un sujeto autoreferencial, hedonista; el hombre se vuelve un objeto en sì mismo como sucede con el mundo natural. Se equipara al capitalismo con la sociedad moderna. Sin embargo, es importante tener en claro que una cosa es modernidad y otra la modernización. El desarrollo de la racionalidad desbordó en un gran poder que ya no sólo buscó dominar la naturaleza sino que absorbió con su lógica el conjunto de todas las relaciones humanas. Se paso de la reflexión a la apología del bienestar conquistado. Se crea un desajuste entre modernismo y modernización, que resultan útiles a las clases dominantes para preservar su hegemonía . Guiddens en su libro Las consecuencias de la modernidad deja entrever como la modernidad trajo cosas interesantes pero también consecuencias inevitables como el surgimiento de nuevos y terribles “riesgos”: El colapso de los mecanismos de control económico y la consiguiente pauperización y precarización de las condiciones materiales de existencia en general (alimentación, salud, vivienda, educación, etc…) sometiendo a aquellos que “quedan fuera del modelo”, ya que, en los casos más extremos, no cuentan con los medios para sostener las condiciones materiales mínimas, necesarias para la supervivencia por parte de las grandes masas de actores sociales; El eventual crecimiento de un poder totalitario discursivamente hegemónico, que conlleva la consagración de un pequeño grupo de sujetos y/o naciones que toman decisiones que conciernen a una inmensa población. La posibilidad de un conflicto nuclear o guerra a gran escala, fruto del proceso de industrialización de la misma, así como el desarrollo tecnológico y los descubrimientos científicos. La desintegración o desastre ecológico, que amenazan con irrevocablemente destruir a la naturaleza, sino por completo, drásticamente.

El hombre moderno creyó que abandonar a Dios como metarelato sería fácil. Su error fue sustituir un metarelato con otro: la razón como principio totalizador. La razón y su sujeto detentador de la unidad y de la totalidad también ha muerto, se ha deslegitimado al igual que la idea de Dios. Es lo que algunos coinciden en llamar la muerte de la historia. El mundo se fragmenta, de construye, pierde su centro, se disemina, es discontinuo, disperso.

El hombre moderno como sujeto capaz de respuesta, juicio y acción, desaparece. El hombre moderno es contradictorio, no es estable y no tiene solidez. Marshall Bermann dice que

"Ser moderno es encontrarnos en un entorno que nos promete aventura, poder, alegría, crecimiento transformación de nosotros y de el mundo y que al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y la experiencia modernos atraviesan todas las fronteras de la geografía y la etnia, de la clase y la nacionalidad, de la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser moderno es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, Todos los sólidos se desvanecen en su propio aire”.

Esto es inevitable en la modernidad, pues siguiendo a Marx, todo lo que el burgués construye lo construye para ser destruido.

Habermas no piensa en el proyecto moderno como algo perdido sino como un proyecto incompleto, que requiere volver a integrar todas las esferas de valor. Se trata de recuperar los objetivos iniciales de la ilustración, en donde el desarrollo de cada campo contribuiría a enriquecer la vida diaria, buscando el prefeccionamiento a través del libre ejercicio de la inteligencia, el perfeccinamiento de la moral y la evaluación de las ideas tradicionales a través de la ciencia y la convivencia civilizada. Harbermas propone recuperar el proyecto iluminista a través de acciones que se concreten en practicas comunicativas, el dialogo que entablan los sujetos y libres de presiones, buscando conjugar tanto los elementos cognitivos (ciencia), practicas (moral) y lo estético-expresivo (arte).

En conclusión, el hombre de la modernidad abandonò el gran metarelato de dios y se introdujo en un nuevo metarelato: la razón. Con ella, se buscaba el progreso de hombre contemporáneo, pero esta razón terminò convertida en una razón instrumental en donde el hombre es usado como un objeto, se vuelve mercancía. Hay un desencanto tal, que se perdieron las utopias, ahora el hombre es un ser fragmentado, disperso, sin historia, un ser que solo vive para el presente.

Hardt, Michael y Negri, Antonio. El imperio. Trad. De Eduardo Sadier. Cambridge, Massachussets: Harvard University Press. Tomado de www.chilevive.cl

HABERMAS, Jurguen. “La modernidad: un proyecto incompleto” En: El debate modernidad Pos-modernidad. Buenos Aires: Ed. Punto Sur, 1989. P.131-144.
GARCIA CANCLINI, Néstor. Culturas hibridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo, 1990.
GUIDDENS, Anthony. Las consecuencias de la modernidad. Madrid: Ed. Alianza, 1990.

Berman, Marshall. “Todos los sólidos se desvanecen en su propio aire”. Ed. Siglo XXI, Barcelona, 1988.
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